Gritos mal concatenados

En los últimos años me he dedicado a buscar una casa, luego un trabajo, luego una casa, luego un trabajo, luego una casa, luego un trabajo…

No tengo ninguna propiedad. Ni siquiera un sueño me pertenece. No me heredarán nada y no tengo nada que heredar.

A cada casa que llego me pregunto cuánto tiempo viviré ahí.

En cada trabajo nuevo me pregunto cuánto tiempo estaré ahí.

No me van a heredar nada. Ni un oficio, ni una tradición. Para salvarme, nada más cuento con lo poco que sé hacer: concatenar palabras, lecturas, ideas. Concatenaciones que apenas logran sobrevivir unos cuántos días y pronto son encerradas en una caja hecha de olvidos.

Yo no voy a heredar nada. Ni un oficio, ni una tradición. A mis sucesores nada más les dejaré las palabras, las lecturas y las ideas que logré concatenar sin mucho talento. Concatenaciones que quedarán guardadas en una caja hecha de olvidos y que envejecerán hasta volverse ininteligibles.

A quienes llegarán como yo, sin nada, que vivirán sin heredar nada y morirán sin nada que heredar, sólo podré dejarles una grieta, para desquebrajar este mundo donde nada nos pertenece.

Pero, ¿es posible crear grietas solo con gritos mal concatenados?

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4 comentarios

Archivado bajo Intimidades

4 Respuestas a “Gritos mal concatenados

  1. ¿Y de qué valen las herencias?

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