El punctum en las fotos de mi madre

En La cámara lúcida (1980) Roland Barthes dedica gran parte de su reflexión a las fotografías de su madre. Se fascina ante aquellas  imágenes testimonio del tiempo anterior a su nacimiento, donde ella tiene un aspecto distinto al que recuerda

Poco a poco regresan a su memoria algunos elementos: tocados, adornos. Y le van haciendo sentido su presencia en las fotos.

Cuando leí el texto de Barthes por primera vez, también rememoré las fotografías de mi madre. Cada que Barthes describía su experiencia, yo la traducía como mía.

Para Barthes, la foto no tiene nada proustiano. “El efecto que veo en mí no es la restitución de lo abolido”, dice. La fotografía es, más bien, testimonio de lo que ha sido. MotherAl reproducir la reflexión de Barthes con las fotos de mi madre, doy testimonio de su peculiaridad.

Desde niño, para mí mi madre destacaba sobre las mujeres que la rodeaban. A diferencia de sus compañeras de trabajo, o de las mamás de mis amigo, ella era esbelta, joven y rebelde.

A esa edad no me di cuenta qué tan rebelde era mi madre. Me percaté de ello cuando revisé sus fotos una vez transcurrido los años.

La foto de mi madre con mi hermana en Villa del Mar me sorprendió al ver el estampado de un rebelde zapatista, por ejemplo.

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Mi madre me contó que visitó San Cristóbal en 1994 una vez que yo regresaba de Chiapas y quería contarle de las comunidades. Mi sorpresa fue que ella me contaba a mí. Yo tenía seis años y no me enteré del viaje, o no lo recuerdo.  No recuerdo que me hubiera hablado antes del movimiento zapatista. Mi interés (creía) era propio y genuino.

Contrasto su silencio con las familias de amigos que parecen haber sido adoctrinados por sus padres para tener una actitud antisistema siempre.

Esto es algo de lo que más le agradezco a mi madre. No recuerdo que me haya impuesto sus ideas. Ella me crió en libertad. La libertad que exigía para ella, me la dio a mí.

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Hoy entiendo mejor a mi madre, su histerismo, sus preocupaciones.  Cuando tenía mi edad, esta edad en la que no sé qué rumbo tomar ni a dónde dirigirme, ella debía preocuparse por cuidar (casi) sola a dos niños. Y también quería disfrutar su vida.

Hoy mi madre cumple 49 años. Ya no es esbelta, ya no es joven, pero aún es bastante rebelde. Y este texto es mi regalo de cumpleaños.

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