De cómo preferí no conocer a una gran amiga

No conocí a una pequeña muchacha de tez morena y delgada una vez que fui al teatro. Ella traía un vestido blanco y esperaba a alguien con impaciencia. Le pregunté si no le faltaba algún boleto. Mi acompañante no había llegado y me sobraba uno. ¡Qué casualidad! A ella le faltaba un boleto porque su acompañante no llegaba. Me lo compró, tras pensarlo brevemente.

Melville en Mazatlán, obra de teatro biográfica sobre Herman Melville, escrita por Vicente Quirarte.

Melville en Mazatlán, obra de teatro biográfica sobre Herman Melville, escrita por Vicente Quirarte.

Me senté casi en la entrada del segundo nivel del Foro. Un buen lugar: no solo podía ver bien el escenario, sino también al público. La obra empezó. Era un guión de Vicente Quirarte, sobre un joven que acababa de desembarcar tras un viaje en barco ballenero y estaba deseoso de convertirse en escritor. Este joven se encuentra con un viejo cascarrabias que ha dejado de trabajar en la aduana y ahora tendrá mucho tiempo libre. Ellos tienen mucho en común, pero no lo saben.

El viejo escribía poemas en una libreta y esto llama la atención al joven, quien le pregunta insistentemente si era escritor. “Empujo la pluma, pero escribir es mucho más que eso”, le dice el viejo. Casi al final de la obra, el viejo le cuenta al joven sobre su jubilación. El joven se emociona, y le dice “ahora puedes dedicarte solo a escribir”. El viejo le responde, “preferiría no hacerlo”.
Me reí, y se hubiera escuchado mi risa solitaria en el foro ante ese sutil chiste si no fuera por otra risa cómplice presente. Extraña manera de reconocer a los tuyos. Volteé a ver quién había leído también Bartleby, el escribiente y era la misma muchacha morena y delgada a quien le vendí mi boleto sobrante.

En la salida del teatro, la busqué. Iba flanqueada de dos chicos (los retrasados, pensé). No le hablé, solo caminé cerca y escuché su conversación. Les platicaba a sus amigos sobre Bartleby y cómo era una obra fundamental para comprender a Herman Melville y al escritor que renuncia a la escritura.

Pude haberme acercado con cualquier pretexto, ya le había hablado antes. Pero preferí no hacerlo. Una lástima, tal vez pudo ser el inicio de una gran amistad.

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