Archivo mensual: mayo 2015

Por mi derecho a olvidar mis cosas en casa

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En la ENAH ahora pedirán credencial en la entrada.

Olvido todo a cada rato en casa. Mi dinero, mis llaves, mis documentos, mi casco de la bici, mi taza de café. Hoy tenía a la mano una forma que debía llenar y escanear y cuando la busqué, me di cuenta que la había dejado en casa. No sucede lo mismo siempre, simplemente sucede distinto. Es estresante cada vez que debo salir de casa porque reviso una y otra vez qué no debo olvidar. Y aún así algo se me olvida.

Ahora que pedirán en la entrada de la ENAH presentar una credencial, habrá muchos que saltarán señalando que es una medida represiva, fascista, que coarta la libertad. En parte hay razón. Aunque se discutió abiertamente en el Consejo Técnico la medida, la discusión se quedó en el Consejo Técnico. Las razones para la credencialización no son tampoco convincentes: evitar la entrada a personas ajenas a la institución que la usan como un antro barato para tomar y drogarse. El argumento no dista mucho de quienes señalan a los inmigrantes indocumentados en Estados Unidos como los causantes de la violencia y el tráfico de drogas. Los administrativos de la ENAH son decepcionantes como científicos sociales. Tal vez por eso hacen labores administrativas en lugar de dedicarse a la investigación ¿se conocen bien los motivos de por qué la gente utiliza la ENAH como un bar barato que no cobra cover? ¿Quiénes son las personas que la utilizan de esta manera?0 ¡Qué flojera hacer una encuesta y observación directa dentro de tu propia institución! Mejor usemos el sentido común y a ver si así se arregla el problema.

El próximo jueves, al entrar, me pedirán la credencial. El acto en sí me parece ofensivo, como también me parece cada que voy al Colegio de México.  Y yo me veré en una disyuntiva. Si acepto eso como regla del juego, deberé estresarme cada que voy a la ENAH porque no encuentro la cartera con mis credenciales. O puedo hacer un pancho, infantil e inmaduro quizá, pero que podría funcionar para no tener que preocuparme posteriormente por no llevar mis credenciales. No quiero vivir preocupado porque volví a olvidar la credencial en mi casa. Me parecen que hay cosas más importantes en las que preocuparse que revisar tres o cuatro veces si llevo mi cartera.

Pero lo actos individuales aislados tienen poco impacto. Si debo o no preocuparme por llevar la credencial dependerá si, a partir del lunes, una masa iracunda de estudiantes que quieren conservar su derecho a olvidar sus cosas en casa se niegan a aceptar las nuevas reglas del juego.

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10 cosas que (tal vez) no sabías de mí / Día 3

Dejé la computadora en el trabajo, así que seré más breve porque es exaspera te escribir desde el celular. Además que me quedan pocas ideas.

1. La primera vez que me peleé a golpes fue en el jardín de niños. Me fui a los trompones con un compañero porque me dijo “sabelotodo”.
2. En el jardín de niños estuve enamorado de una niña llamada Berenice, y según yo, éramos novios, pero ni a manita sudada llegamos. Una vez hablé por teléfono con ella y le pregunte si me quería y dijo que no. Me solté a llantos. Tenía para entonces seis años y ya estaba en la primaria.
3. Hice un comercial para la radio cuando tenía como 8 ó 9 años. Fue un comercial para el Instituto de inglés donde estudiaba, el Instituto Franklin de Veracruz, y además nos entrevistaron en un programa llamado “Chiquilladas”. Me pagaron con 5 horas de Internet gratis. Fueron las primeras 5 horas de mi nueva vida virtual.
4. Gané un concurso de carteles a nivel de todos los CCH en cuarto semestre. El día antes de ir a recoger mi premio, hice una peda con los darkies con los que me juntaba en la tarde después de clases, aprovechando que mi padre se había ido de viaje. Me crucé con panques llenos de magia, mezcal y leche. Al día siguiente fui crudo por el premio y regresé a limpiar la casa. No le hubiera dicho a mi padre que gané un concurso si no fuera porque tenía miedo de haber dejado rastros y quería desviar su atención. Una peda destructiva no es algo que haría un ñoño como yo.
5. Me encanta el punk e ir a tocadas punks, pero llegué al punk de la manera más ñoña. Leí un libro llamado “Kensington Gardens” que era una versión para punks de Peter Pan. Los niños perdidos eran una pandilla que se juntaba en Kensington Gardens y escuchaban música de grupos como The Clash y  Sex Pistols. Busqué por Internet esas bandas. Sex Pistols no me latió mucho pero me volví fan de The Clash. Luego conocí otros grupos de Punk más punks. Cada que sé de una tocada, me doy una vuelta.
6. Antes de la secundaria, solo escuchaba música clásica y la trova de mi madre. Luego me hice fan de los Backstreet Boys y Britney Spears solo por convivir. Cuando conocí los grupos ingleses de los 60 y 70, enderecé el camino.
7. Tengo un grupo de amigas que me llaman “Paula”. Las conocí cuando tomaba taller de pintura en el CCH. Nos juntamos para cocinar, comer maki y hablar de gatos.
8. La primera vez que me interesé por las lenguas del país fue por un viaje a Chiapas cuando tenía 15 años. Me gustó mucho descubrir una lengua tan distinta al español como el Ch’ol.
9. Mi bisabuela hablaba una lengua de Chiapas, pero nadie sabe bien cuál era. Supongo que es tzotzil. Ella le llamaba su lengua. Una vez que regresaba de Chiapas pasé a Coatzacoalcos y llevaba una bolsa de frijoles en sus vainas que me regalaron allá. Mi bisabuela recordó su infancia con su mamá cuando limpiábamos los frijoles  y no recuerdo si grabé cuando cantaba en su lengua. Pero recuerdo que pensé que debía grabarlo, si algún día podían saber cuál lengua era. Aún no pensaba estudiar lingüística. No he revisado mis cassettes de 80 en años y no recuerdo qué contienen mucho.
10. Antes de cualquier cosa, yo he querido ser como mi abuelo. Quise estudiar medicina para ser como él y ayudar a la gente. Luego quise estudiar QFB para crear nuevos medicamentos y ayudar a más gente que un médico. Luego me fui a las ciencias sociales porque me pareció que como está este mundo, no se puede ayudar a nadie y había que transformarlo. A veces, cuando siento que apenas y puedo ayudarme, me pregunto si mejor sí debí estudiar medicina. Aún intento ser como mi abuelo, una persona con amplios conocimientos y que en su trabajo daba su mejor esfuerzo. Lo recuerdo siempre contento, silbando, con alguna melodía en la cabeza. Cuando intentaba resolver un problema, se quedaba pensando por mucho tiempo y no dejaba de buscar la solución hasta tenerla. Mi abuelo es la persona a quien más extraño y a quien más espero ver cuando sueño.

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10 cosas que (tal vez) no sabías de mí / Día 2

Resulta que esto es para hacerlo durante tres días seguidos. Así que cada día parece que se volverá más difícil.

  1. Me he cambiado muchas veces de casa. Me cuesta trabajo contar todas las veces que me he cambiado de casa, y cuando lo recuento, siempre se me olvida algún cambio. Si dividiera las veces que me he cambiado de un lugar, desde que era niño, he vivido aproximadamente menos de dos años en cada sitio. Claro, hay lugares en los que he vivido más tiempo que otros. En varios lugares no he estado mas que unos meses y en otros he vivido por varios años. Ya llevo viviendo más de dos años en el Cerro del Judío. Es el lugar en que más tiempo he estado en todo el tiempo que llevo viviendo en el DF. Espero cambiarme el próximo mes.
  2. He cambiado muchas veces de trabajo. Algunos de esos trabajos difícilmente podría llamárseles trabajos. Varios han sido de autoempleo, como vendedor de dulces, mientras que otros han sido temporales o trabajos voluntarios. Mi pasado trabajo, con el profesor Sergio Ricco del cual ya he hablado, ha sido uno en los que más tiempo he estado. Ser profesor adjunto y  ayudante administrativo en la ENAH no los cuento como trabajo, pero aún así los pongo en el currículum.
  3. De niño, era un católico recalcitrante. Aunque devoraba libros y revistas de divulgación de la ciencia, no me parecían que estas fueran contrarias a los dogmas católicos. Para mí, el Big Bang resultaba compatible con el Génesis y la Selección Natural no tiene por qué ser contraria a los relatos bíblicos. Unos son metáforas y otros son hechos. Y de hecho, la Iglesia Católica es de las pocas iglesias cristianas que aceptan la Selección Natural como plausible. Mi catolicismo llegó a tal punto que hice mi primera comunión por voluntad propia y sin que nadie me obligara. Actualmente, me declaro agnóstico y mi relación con Dios es un “es complicado”.
  4. He creído tener conversaciones con Dios. Aún en las épocas en las que estuve a punto de llegar al ateísmo, he tenido experiencias místicas que me hacen sentir que converso con Dios. Este es un síntoma típico de cuadros maniacos e hipomaniacos. Últimamente ya no he tenido esas sensaciones. Mi abuela dirá que se debe a que he empañado mi imagen ante Dios con el pecado.
  5. Me hice comunista gracias a Jesús. En realidad, no es tan cierto. Pero cuando leí en la secundaria los primeros textos comunistas que llegaron a mis manos (El manifiesto del Partido Comunista, La Revolución Permanente, etc.), concluí que el mundo “utópico” que pregonaban los marxistas no distaba mucho al que predicaba Jesús en los Evangelios. De cierta manera, me acerqué a la Teología de la Liberación sin saberlo.
  6. Me gusta imaginar que viajo en el tiempo. Este es un juego que hacía con mi mejor amigo de la primaria, Pedro ¡Y aún lo hago! Pero de otras formas. Todo empezó cuando empecé a usar el metro y revisaba en los andenes los relojes. Hacía un transbordo de la línea café a la verde en Centro Médico. En el andén de la café el reloj marcaba, por ejemplo, 6:04 y en el andén de la verde las 6:00. Entonces me decía que el metro me hizo viajar cuatro minutos al pasado.
  7. Empecé a usar la bici  como una forma pasiva de intentar suicidarme. Harto de los intentos absurdos y fallidos, comencé a usar la bici pues, según yo, soy tan torpe que seguramente alguien me atropellaría en poco tiempo. Sin embargo, usar la bici me hizo la vida más grata y no he tenido ningún accidente de gravedad.

    Me gusta imaginar que soy un apatosaurio cuando como brócoli.

    Me gusta imaginar que soy un apatosaurio cuando como brócoli.

  8. Me gusta imaginar que soy un animal silvestre cuando como. Me imagino que soy un conejo cuando como lechuga, imagino que soy una ardilla cuando como nueces o cacahuates, y me imagino que soy un apatosaurio cuando como brócoli.
  9. Escribí artículos en la Frikipedia. Antes de que los administradores de la Frikipedia iniciaran con sus políticas comuninazis, escribí varios artículos en la frikipedia de manera anónima y con el seudónimo de JacintoCanek. Hasta me dieron un reconocimiento por hacerlo.
  10. Tuve un padre distante. Bueno, quizá ahora que se me acaban las ideas para continuar escribiendo tendré que poner cosas más personales. Mi padre se fue de Veracruz cuando tenía siete años y había veces que lo veía cada seis meses. Ahora lo veo cada seis años, aunque vivamos en la misma ciudad. Él dice que soy yo el que debe pedir disculpas ¿creen que siento alguna culpa por intentar destruir su casa?

No sé qué se me ocurrirá para el tercer y último día.

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10 cosas que (tal vez) no sabías de mí / Día 1

Me han etiquetado en Facebook para que cuente 10 cosas que tal vez pocos sepan de mí durante tres días seguidos. Es un reto que conlleva a preguntas existenciales como “¿qué realmente sabe uno de uno mismo?” y “¿qué realmente saben los demás sobre nosotros desde Facebook?”. Pero no la hago larga, aquí voy. Lo acomodo en orden cronológico:

  1. Aprendí a jugar ajedrez antes de aprender a leer. Pedí que me enseñaran a jugar porque los adultos siempre me regañaban cuando agarraba el tablero. Decían que lo jugaba de la manera “incorrecta” y tenían razón. Jugaba como Felipito antes de aprender, las ponía como si fueran pinos de boliche y las tumbaba, o bien, las usaba como muñecos. Aunque ya no juego muy seguido, el ajedrez sigue siendo uno de mis juegos preferidos y puedo ignorar al mundo cuando me siento frente a un tablero.

    Felipito debe ser uno de los personajes de Quino con los que más identificado me siento.

    Felipito es el personaje de Quino con el que más identificado me siento.

  2. Escribo poemas desde que aprendí a escribir. Casi todos son muy malos, y los que escribía de niño eran peores. Aún así, me publicaron  varios poemas en revistas culturales de Veracruz, en boletines de la SEP y en la sección cultural de El Sur en Veracruz. Añado uno publicado en la revista Pasto Verde cuando tenía nueve años para que vean que en verdad son malos y no es modestia.

    Mi Pelota
    En el mar, amar, en el parque, querer y en la casa
    revolotear.
    Mi pelota en el mar,
    jugábamos
    con un calamar,en la casa, pegándole
    al mar,
    en el parque, con los niños de la mar.

    Pero esos tiempos ya pasaron y ahora se fue.
    Adiós,
    adiós.
    Pelotita de
    arroz.
    Adiós,
    adiós,
    pelotita de arroz.

  3. En la primaria, era fan de la astronomía y los dinosaurios. Pedía que me compraran todas las revistas y libros que hubiera sobre dinosaurios y astronomía. Tenía muchos mapas celestes y libros de divulgación. Como a los 7 u 8 años me regalaron en una navidad un telescopio newtoniano con espejo de 900mm de diámetro, con el que vi varias veces  la luna pero nunca pude observar bien algún planeta. Me di cuenta que muchos de mis libros de astronomía eran escritos por la misma mujer: Julieta Fierro. A los 18 años tomé clases de oyente con ella en el Instituto de Astronomía de la UNAM y me regaló el Diccionario Panhispánico de Dudas y un libro sobre Einstein. Volví a ser esa vez un niño muy feliz.

    Con Julieta Fierro. Mi felicidad hubiera sido completa si ella me abrazara a mí y no a Tole.

    Con Julieta Fierro. Mi felicidad hubiera sido completa si ella me abrazara a mí y no a Tole.

  4. De niño, me gustaba ver durante horas los Atlas Mundiales que había en mi casa y me imaginaba tácticas militares en los mapas para conquistar el mundo. Mi plan era volverme Gobernador de Veracruz y devolver la capital del estado al puerto de Veracruz. Después, declararía la independencia de México e incitaría a los estados del Sureste a hacer lo mismo. Luego, iniciaría una campaña militar para conquistar el norte y anexionar así todo lo que era México y cambiarle el nombre a Veracruz, pero sin la ciudad de México porque ellos no hacen nada más que contaminar. Así que les impondríamos un asedio para que la ciudad colapsara. Sin el lastre que significa la ciudad de México, el nuevo país (Veracruz) tendría todos los recursos para dominar el mundo. A partir de ahí no me acuerdo si el plan era dominar Centroamérica o irnos directo contra Estados Unidos. Y sí, a los ocho años no veía mal matar de hambre y sed a 20 millones de personas. Finalmente, eran puros chilangos.
  5. En la secundaria, la maestra de español nos pidió que hiciéramos fichas bibliográficas de TODOS LOS LIBROS que habíamos leído en toda nuestra vida. A mí me pareció la tarea una exageración “¿Por qué TODOS?” “¿Por qué no dos, o tres, o diez si quiere muchos?”. Me pasé una tarde copiando las fichas de TODOS los libros del estante de mi cuarto, y cuando ya llevaba más de cincuenta me dije “Ya no voy a copiar más fichas bibliográficas. Además, ¿cómo va a saber que no están todos los libros que he leído en mi vida? No puedo copiar todos, están los libros que he leído en casa de mi abuelo, y los que me prestaron ¿cómo voy a sacar su ficha?” Le entregué las fichas a mi maestra esperando que no se diera cuenta que no había puesto TODOS los libros que había leído en mi vida. Después, me mandó a llamar y yo me preocupé “¡Ya descubrió que no puse TODOS los libros!” Me presentó ante otros maestros para participar en un evento con otras escuelas donde hablaríamos de libros porque, según ella “¡este niño ha leído muchos libros!” No llegué a dicho evento porque ese día me desvelé leyendo y no me pude parar del sueño.
    En retrospectiva, me doy cuenta de lo tonto que era al creer que la maestra en verdad quería la ficha de TODOS los libros que había leído en mi vida. Quizá hubiera bastado si ponía dos, tres o diez.
  6. Entré al CCH porque quería estudiar Química Farmaco-Biológica (QFB) en la mejor universidad del país en ciencias exactas: la UNAM. En Veracruz no tenía muchas opciones para un bachillerato decente que me hiciera competitivo en el examen de admisión, así que opté por irme a vivir a la ciudad de México. Muchos familiares intentaron convencerme de que no lo hiciera “porque es una ciudad insegura donde te pueden asaltar y matar en cualquier lado”. Mejor me quedaba en Veracruz, porque era muy tranquilo y la gente no se robaba ni un frutsi. Hoy mi familia me pregunta que para qué me quiero regresar a Veracruz, si la cosa está muy fea.
  7. No estudié QFB porque conocí a Polo Valiñas, quien tal vez es el único lingüista con sentido del humor que existe en México. Me metía a sus clases de náhuatl en el Instituto de Investigaciones Antropológicas y quedé fascinado con toda la poesía que se podía apreciar conociendo otras lenguas. Decidí que quería averiguar cómo las lenguas influyen en sus hablantes como un grupo social y por eso estudié sociología y lingüística.
  8. Tal vez esto sí lo saben muchas personas. He intentado suicidarme más de una vez en la vida. Me han diagnosticado Trastorno Afectivo Bipolar tipo II, que produce leves hipomanías (momentos de mucha euforia en las que te sientes superior a todos los demás o igual a Dios) y depresiones fuertes. He estado bajo medicación varias veces. Ahora, que llego a este punto tras escribir cosas que me parecen muy divertidas y agradables, no entiendo bien por qué he intentado matarme. Aún pienso seguido en el suicidio, pero hoy tengo más herramientas para alejar esas ideas de mí. Es como un demonio que entra cada que bajo la guardia. Si no me he suicidado, quizá es porque en verdad no quiero morir, solo a veces no sé cómo lidiar con mis sentimientos y me parecen demasiado fuertes e indomables. No tengo problemas en confesar que me he intentado suicidar, porque espero que otras personas que se sienten o se han sentido igual vean que no es algo que se deba ocultar. Creo que compartir lo que sientes hace más grandes tus placeres y vuelve a tus penas menos pesadas.
  9. Si han llegado a este punto, no les parecerá raro que mi primer beso fue hasta los 23 años y que fui un ejemplo de castidad masculina, llevada con estoicismo, durante 24 años. Sólo he tenido una novia, con quien viví durante más de un año y con quien descubrí sensaciones y sentimientos que solo había conocido en los libros y en las películas románticas pretenciosas que proyectan en la Cineteca. Aún no puedo estar con otra persona sin pensar en ella.
  10. Empecé a hacer Stand-Up hace como mes y medio los lunes en La Chica, por invitación de Guillermo Amador. La verdad, no sé qué me pasó por la cabeza que me hizo querer intentarlo, pues considero que, la mayor parte del tiempo, soy una de las personas más aburridas con las que puedes estar. Me animé, en parte, porque me parecía que la comedia en México se limitaba a hacer mofa de los pobres y los tontos, lo que me resulta de muy mal gusto y quería ver si podía pegar algo diferente. Me gustan Les Luthiers y  la comedia británica, como los Monty Python y quería hacer algo como ellos. Aún sigo intentando causar gracia, pero nadie capta mi hilarante humor inglés.

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Cuando Veracruz fue 132

Una amiga socióloga me ha preguntado cuál creo que fue la mayor aportación del movimiento 132 en Veracruz y ha comentado que “Veracruz fue un caso especial”. No sé si Veracruz fue un caso especial, pero fue un caso distinto porque lo conformaron personas distintas en un contexto distinto a otros lugares del país. Tampoco creo tener la capacidad para realizar un análisis amplio que haga justicia a lo que fue el movimiento. Por eso retomaré algunos comentarios de quienes participaron en su momento para apoyarme.

Sobre los inicios del movimiento, no puedo decir mucho. Yo no me encontraba en Veracruz. Observaba cómo transcurrían las elecciones mientras me llenaba de indignación que nadie despeinara el copete de Peña en la punta de las preferencias electorales. ¿A caso pocos se acuerdan de Atenco?, me preguntaba, mientras me acordaba de Alexis Benhumea quien murió por ser golpeado por un proyectil de gas lacrimógeno en la cara durante el brutal operativo ordenado por el entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, como sucedió con Kuykendall después, cuando tomó la presidencia. La chispa que encendió todos esos resentimientos contenidos provino de donde menos nos imaginábamos muchos: de una escuela privada, estereotipo de la fresez, de la Universidad Iberoamericana.

De cómo inició todo en Veracruz, me comentaba N. en un audio:

#YoSoy132 Veracruz lo conformaban, en un inicio, un montón de desconocidos que atendían a las convocatorias en Redes Sociales, iniciativa de estudiantes de la Facultad de Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV). […] La mayoría de quienes tomaban las decisiones eran estudiantes de la UV, aunque también había gente de la Villa Rica, del Colón, del Tecnológico, de la Universidad del Golfo, de la UNIMEX. Era gente muy diferente, unida para manifestarse en contra de la posible gestión del gobierno priísta. Había personas con distintas ideologías, e incluso quienes se declaraban afines a partidos políticos contrarios al PRI.

En frente del IFE

En frente del IFE.

Esta heterogeneidad la pude notar cuando los conocí en el campamento que se instaló en frente de un módulo del Instituto Federal Electoral (IFE). Me parece que era parte de su fortaleza. La colaboración entre estudiantes de Ingeniería en Sistemas, de Derecho, de Comunicación, de Relaciones Internacionales, de Medicina etcétera, le daba al grupo una amplia visión que contrastaba con la inexperiencia de todos como individuos. Para la gran mayoría, era la primera vez que se organizaban para protestar, que discutían en asambleas los cómo, cuándo y dónde. Y eran todo, menos ninis. Algunos, eran todo lo contrario. Muchos de ellos tenían que arreglárselas para trabajar y estudiar al mismo tiempo.

Regresando a la pregunta de mi amiga, qué aportó el movimiento a las elecciones de 2012, no puedo decir mucho. Las elecciones no me importaban tanto como esa organización que se había dado con espontaneidad y podía consolidarse a largo plazo. La prueba de fuego era después de las elecciones, después de la imposición tan anunciada por las televisoras. Sobre la aportación del movimiento para las elecciones, quizá puedan decir más cosas personas como Kjalil, a quien cito:

  • Al salir a las calles y llevar información a las mismas se logro que muchas personas se informaran y pensaran un poco más su voto.
  • Se lograron muchos espacios abiertos al dialogo entre universitarios y ciudadanos en general.
  • Cada una de las marchas realizadas en Veracruz, jamas terminaron en problemas mayores, se dio buen ejemplo de libre expresión y el derecho a manifestarse.
  • Se promovió mediante este movimiento el arte, la música y expresiones escénicas que muy difícilmente veías en la calle; se incentivo la participación de jóvenes artistas en apoyo al movimiento.
  • Presencia y espacio en los medios, no solo como una noticia incómoda sino como una noticia realmente informativa.
  • Se mantuvo vigilancia en los principales puntos de recepción de votos para evitar atracos, embarazos de urnas, entre otras situaciones.

La aportación no es baladí. Elecciones anteriores en Veracruz habían sido tristes recolectas de casos de acciones turbias que daban el triunfo al PRI. En esa ocasión, casi todas las casillas del puerto de Veracruz dejaron al PRI en tercer puesto.

Pero la aportación que me parece más importante es que enseñó a la gente a organizarse. Mantener un campamento durante en el zócalo por más de un mes y lograr mantenerse ahí a pesar de las múltiples amenazas de desalojo no se logra sin cierta organización. Tomar las instalaciones de un Palacio Municipal, aunque sea el balcón, y plantarse casi dos semanas, tampoco se logra sin un mínimo de organización, por muy espontáneo que haya sido el acto en ese momento. Esa eran las acciones más visibles, pero se tenían otros proyectos que se lograron mantener durante un tiempo, mientras la organización y el compromiso se existieron, como un sitio web que alojo no solo a la Asamblea de #YoSoy132 del Puerto de Veracruz, sino a las asambleas de Coatzacoalcos, Xalapa, Poza Rica y Altas Montañas (que era una conglomeración de Orizaba, Córdoba, Fortín y otros municipios aledaños) y fue una plataforma para difundir información que no salía fácilmente en otros medios.

Tal vez a eso se refiere mi amiga socióloga cuando dice que “Veracruz fue un caso especial”. Las discusiones rara vez eran en las instalaciones universitarias. Se salía a las calles y se tenía contacto directo con la gente. Se abría el diálogo, el debate en la plaza, como se hacía en la política de muy antaño.

Eso que sucedió en Veracruz, que era insólito desde los tiempos de Herón Proal y el movimiento de los inquilinos a inicios del siglo XX, ya no es tan atípico. La gente sale a la calle con más frecuencia para protestar contra los gobiernos saqueadores y negligentes. Es un avance, si consideramos que hace unos años nadie salía a la calle por miedo a la delincuencia organizada que usaba la ciudad como campo de gotcha. Falta aún una organización constante y militante para crear alternativas a los malos gobiernos e iniciar proyectos autónomos con resultados palpables, para que la violencia y las marrullerías no sean cosa de todos los días.

Ayer, 10 de mayo, la gente protestó en el puerto de Veracruz en solidaridad a la familia de Columba Campillo, estudiante de 16 años de un colegio privado quien fue encontrada muerta, mientras que una estudiante de la Facultad de Administración, Melissa Espinoza, se encuentra desaparecida. Ya nadie se cree la cantinela de los “casos aislados” o el “por algo les habrá pasado”. Los muertos y desaparecidos se acumulan sobre los papeles de la burocracia que se ve rebasada para investigar e impartir justicia, cuando no se ve cómplice. No sé si este valor para organizarse y salir a protestar tiene su antecedente en el 132, o simplemente es la consecuencia lógica de la rabia y la impotencia.

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Mi madre y la filosofía

Mi madre odia tanto la filosofía, que la única vez que se casó fue con un poeta. Irónicamente, su matrimonio la llevó a las mismas conclusiones que Platón. Platón destierra al poeta de la la República por no aportar mas que mentiras, y mi madre corrió a mi padre de la casa por las mismas razones.

A sus 24 años, mi madre ya era una mujer divorciada, con dos hijos y con una profunda comprensión sobre la vida. Ella decía que quien te quería te dejaba marcas, y de esa manera justificaba usar la hebilla del cinturón. Yo saqué provecho de sus enseñanzas. Cada 10 de mayo la felicito a lo lejos, para mantener una distancia segura, y si me reclama no darle ninguna muestra de afecto, le digo que qué mejor prueba quiere de mi amor que las cicatrices que aún tiene en el vientre.

Comprendo la animadversión de mi madre por la filosofía. Los manuales complican su comprensión: que los presocráticos, que los estoicos, que los escolásticos, que los existencialistas… complicaciones innecesarias pues la filosofía se puede dividir en tan solo dos grandes corrientes: la de los filósofos feos y la de los filósofos guapos. Estas diferencias, establecidas por los hados de la genética, determinan posturas diametralmente opuestas sobre la existencia. Un filósofo que cree que la vida es miserable y debemos aceptar este hecho, ha sido alguien cuya madre se arrepintió de no haberlo abortado la primera vez que lo tuvo en sus brazos. Por el contrario, quien cree que la vida es maravillosa y uno sólo debe aprender a disfrutarla, es alguien que está acostumbrado a obtener cuanto quiere con solo pedirlo y sonreír. Estos últimos son las mismas personas que recomiendan que, para invitar a salir una chica, uno solo se acerque y le hable. Ese consejo es muy efectivo cuando uno mide más de uno ochenta, tiene un rostro simétrico y una espalda que parece esculpida por el mismo Rodin. Pero cuando uno mide uno sesenta y tres, tiene brazos que parecen mangueras y un cuerpo que parece esculpido por Botero, debe esforzarse un poco más, o resignarse como Schopenhauer.

Aún no sabemos si Karl Marx era guapo o feo.

Aún no sabemos si Karl Marx era guapo o feo.

Admito que no a todos los filósofos se les puede clasificar en una u otra corriente tan fácilmente. En particular, tengo problemas para clasificar a Karl Marx. Su abundante vello facial me impide determinar si era rostro o si tenía algún rostro. Supongo que es una consecuencia de su método filosófico. Marx resuelve la contradicción fealdad-belleza, cubriéndose de pelos la cabeza. Esto es lo que se conoce como “dialéctica”.

¿En qué corriente me ubico? Me suelen decir que no soy feo, que es otra forma de decirme que no soy guapo. Por eso me declaro marxista.

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Los Fractales de la Resistencia

No creo en que un cambio real vendrá de la toma del poder, ya sea por vía electoral o por la lucha armada. Sin embargo, entiendo por qué algunas personas aún fantasean con esa posibilidad y respeto su opinión, pues quizá -la duda metódica es para mí casi una obligación moral- soy yo el que está equivocado.

Formas cercanas a los fractales se encuentran en la naturalez.

Formas cercanas a los fractales se encuentran en la naturaleza.

De cualquier forma, es para mí un hecho -del que apenas puedo dudar- que las personas, cuando se organizan y se comprometen a una causa común, logran cambios reales en su entorno. De esto tenemos muchos ejemplos pequeños. Fantaseo que estos pequeños ejemplos se reproduzcan como fractales llevando cambios mayores en las formas de hacer política y en las formas de relacionarnos con los demás.

Como es la moda por ser temporada de elecciones discutir si es importante votar o no votar para cambiar el rumbo que ha tomado el país (un rumbo bastante sombrío y sanguinolento), quisiera decir que ese no es el quid del asunto. Yo concuerdo con el EZLN, que votar o no votar no es lo importante, como lo expresa  en un comunicado reciente : “Como zapatistas que somos no llamamos a no votar ni tampoco a votar. Como zapatistas que somos lo que hacemos, cada que se puede, es decirle a la gente que se organice para resistir, para luchar, para tener lo que se necesita”.

Durante las discusiones en La Otra Campaña del 2006, hubo adherentes de La Otra tan opuestos al voto que sugirieron “revisar los pulgares en una marcha a realizarse el mismo día de las elecciones para verificar que no habían votado los marchantes”. Pude darme cuenta en ese entonces que el autoritarismo no es exclusivo de la derecha. El autoritarismo se reproduce desde el salón de clase hasta en los más altos mandos. Una asamblea libertaria puede volverse justo su contrario si se permite que un grupo imponga su punto de vista y su forma de actuar sobre el de los demás. Que adherentes de La Otra Campaña adoptaran dichas actitudes no significa que reflejen el sentir de la Sexta.

Hay razones para defender el derecho al voto y razones para cuestionar su eficacia en las condiciones políticas actuales. También hay razones para dudar que un grupo  de oposición vaya actuar distinto a sus predecesores. Pero un grupo que se organiza para resolver un problema inmediato de su comunidad sí puede cambiar a su comunidad.

El mundo está más interconectado que nunca y muchos de los problemas son globales ¿cómo resolver problemas globales con resistencias locales? Solo puedo imaginar esto como posible por la capacidad que tiene el humano de solidarizarse con sus semejantes y que los fractales son formas comunes en la naturaleza a pesar de su complejidad, Solo es cosa de reproducir la resistencia.

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