La realidad que ofende

Mi conexión a Internet es mala y no tengo televisión. De la espectacular entrega de los Óscares no supe mas que por Twitter, la T.V. del hombre posmoderno. Este medio tiene la ventaja de resumir en tiempo casi real lo más relevante de un evento.

Poco podía comentar sobre la entrega de los premios de la Academia. Me pude dar cuenta de que no he visto ninguna de las películas nominadas y que el año pasado me dediqué a ver solo películas clásicas disponibles en línea. Mi seguimiento del evento por Twitter carecía de muchos referentes. En específico, no podía entender por qué varios se sentían ofendidos por un comentario de Sean Penn. Pasó un rato para que encontrará un extracto del momento en que el actor, al anunciar el tercer premio de Alejandro González Iñárritu, espetara en evidente tono de sorna: “¿quién le dio la green card -documento necesario para trabajar en Estados Unidos como migrante -a este hijo de perra?”

¿Fue un comentario ofensivo hacia González Iñárritu, o insensible hacia una comunidad que ha sido estigmatizada y perseguida? Además, se inserta en el contexto de la decisión reciente de un juez texano que declara ilegal la medida de Barack Obama para normalizar la situación laboral de muchos migrantes en Estados Unidos.

En contraste con el comentario de Sean Penn, quien actuó bajo la dirección de González Iñárritu en 21 gramos, el galardonado aprovechó el podio para hacer una tibia referencia a la situación de los migrantes en Estados Unidos. No se sintió ofendido por su comentario.

Quiénes sí se ofendieron tienen buenas razones. Pero no por el chistorete de Sean Penn, sino por la realidad que le permite existir. Los norteamericanos se sienten amenazados por los migrantes, que “les quitan su trabajo” ; y
ahora, los premios por su trabajo. Ni Lubezki, ni González Iñárritu hubieran sido premiados si no hubieran obtenido su green card.

En términos generales, la situación de Lubezki y González Iñárritu no es muy distinta a la de un jornalero. A falta de oportunidades laborales, van a buscar la suerte en el gabacho para sus proyectos cinematográficos.

El éxito que han tenido Alfonso Cuarón, González Iñárritu y Emmanuel Lubezki alientan a seguir sus pasos, como lo hace el paisano que regresa en su troca al pueblo de donde salió para financiar la fiesta, prueba de su éxito. Las historias de fracaso no son tan difundidas, al menos que alguien la adopte como tema para una película que seguramente tendrá poco éxito, porque no nos gusta que nos recuerden la realidad  -como lo hizo Sean Penn con su chiste -porque es una realidad que ofende.

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