Un dolor silencioso

Hace unos meses me caí de la bicicleta. Era un día lluvioso. Llevaba prisa. El pie se me resbaló del pedal, me fui de lado y mi costado pegó con la banqueta. Era un sábado en Ciudad Universitaria, así que no corrí el riesgo de interponerme frente a un carro, ni nadie fue testigo de mi vergonzosa caída.

El costado me dolió por un tiempo. Recordaba el dolor cada que intentaba levantarme, cada que lo olvidaba y me recargaba sobre él por descuido. Solo en una ocasión fue tan insoportable que tuve que quedarme en cama hasta que se pasara. Aún regresa en ocasiones y no sé si se trata de una lesión mal tratada. No suelo quejarme. Guardo silencio. Sé que se me olvidará aquel dolor en el costado.

Hace dos meses aproximadamente me hice otra herida. También procuro guardar silencio. Ahora se siente más fuerte que ese dolor en el costado. Pero se me pasará, lo sé, y podré ignorarla. Aunque temo que tanto ese golpe como esta herida busquen arraigarse en mis sentires cotidianos, y solo por no querer pedir ayuda.

“El tiempo cura las heridas”. Pero desconfío un poco de su capacidad. Nunca me ha mostrado su cédula profesional.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Intimidades

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s