El simbolismo como ideología para la resistencia

Nuevamente se declaró en paro la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH). La acción se justifica como un acto de solidaridad al Instituto Politécnico Nacional (IPN) y, según tenía entendido, también para Ayotzinapa. Pero no vi nada sobre ello.

¿Cómo ayudará el cierre de la ENAH a la lucha del IPN? La explicación es sencilla: con simbolismo. Todo antropólogo sabe que el simbolismo es efectivo para sanar todo mal de la sociedad. Sólo hay un prerrequisito: que creas que es efectivo.

Aunque el concepto de eficacia simbólica viene de la antropología estructuralista, la plena confianza a este método me parece un mal del pensamiento posmoderno en la teoría social. Se presupone que el simbolismo “lo puede todo”.

Con un pensamiento materialista-dialéctico como base, al menos se podría aceptar que cerrando el espacio físico donde se da la reunión y discusión de ideas se trunca en lugar de impulsar el apoyo de una comunidad. Si bien se exhortó a la comunidad a participar en reuniones donde discutirán problemas que existen dentro de la ENAH durante el paro, cabe cuestionarse si cerrar la escuela es una forma de motivar la participación, o si por el contrario, la participación será menor ya que muchos no tienen compromisos que los obligue a asistir.

Si el simbolismo fracasa, es fácil culpar a la actitud apática del “otro” por la ineficacia de nuestras acciones (siempre simbólicas) que realizamos sin considerar las condiciones materiales en las que se llevan acabo; acusar de “fascista” a quien no comparte los modos (pero podría compartir los objetivos).

No digo que una acción simbólica no pueda ser efectiva. Ha habido casos en los que su repercusión ha sido sorprendentemente efectiva. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha realizado varias acciones de este tipo obteniendo una gran respuesta a nivel internacional. Pero su movimiento no se basa únicamente en acciones simbólicas. Hay un trabajo comunitario que está antes y después de manifestaciones públicas.

Este trabajo discreto e invisible puede ser menos mediático, menos simbólico, pero muchas veces más efectivo por ser más real. El trabajo hormiga que representa discutir los problemas locales y globales en pequeños círculos considero que son los que pueden llevar posteriormente a transformaciones importantes.

No sé. Tal vez me equivoco. Pero he visto fracasar tantas veces aquella estrategia que en un pasado he apoyado, que siento que repetirla muestra una falta de imaginación de nuestra  generación y  de nuestra comunidad. La ENAH se ha ido en paro efectivo varias veces como solidaridad simbólica a otros movimientos (que quién sabe si se enteraron de la acción), pero ha hecho paros simbólicos (es decir, paros que no son paros pero en las mentes de quienes lo llevan acabo lo son) cuando se ha tratado de los problemas de la ENAH. Así, se han permitido imposiciones de planes de estudios, de coordinadores, de directores, de proyectos de remodelación innecesarios, etcétera. Mientras, la resistencia ha quedado en discurso y simbolismo. Si fracasa, nunca será por los métodos incuestionables, sino por la apatía o la necedad de los otros, que nunca creyeron en su eficacia.

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