El escritor ciclista

a3e80dePublicado en De-Veritas y Cletofilia

Cuando pedaleo, como cuando escribo, suelo recordar a Julio Torri (1889-1970) , autor al que le admiro tanto su obra como su personalidad al punto de que en ocasiones lamento la relativa marginalidad en que se encuentran sus textos.

El escritor saltillense prefería lo breve y conciso, tanto en sus ensayos como en sus lecturas. De ahí que fuera de los primeros admiradores y apologistas de Carlos Díaz Dufoo Jr (1888-1932), a quien quizá no se le recordaría sino fuera por él. Y es esta filia por lo breve uno de los aspectos a los que suelen referirse sus pupilos y admiradores sobre su personalidad. Otro aspecto que suelen recordar es su afición por la bicicleta.

Creo que su afición ciclista se relaciona con este amor por lo mínimo. En el ensayo La bicicleta, Torri define el perfil del ciclista, los peligros a los que se enfrenta, los cuidados que debe dar le a su compañera y las ventajas de la bicicleta como transporte. Todo expuesto en tan solo una cuartilla. Es lo único que escribe en su obra sobre ella y en ese ensayo deja en claro cómo es la relación del velocípedo con su persona. Marco Glantz y Alfonso Padilla, al recordar al Torri “aprendiz de suicida”, no pueden evitar citar el ensayo casi íntegro.

Pero Torri no era un ciclista profesional, era un ciclista urbano. Cabe destacarlo, porque en ese breve escrito deja testimonio de la transformación que sufre la ciudad de México:

Desde que se han multiplicado los automóviles por nuestras calles, he perdido la admiración con que veía antes a los toreros y la he reservado para los aficionados a la bicicleta.

Aquel fragmento me hace siempre preguntarme si Torri fue fiel a la bicicleta hasta sus últimos días, y si la admiración a la que se refiere la guarda también para sí mismo, o si se vio derrotado por la cara irracional de la modernidad. Y ya imaginando, me pregunto qué diría Torri de la ciudad hoy en día, y si acompañaría a los grupos de ciclistas que salen a pedalear juntos, pues para él

Todos los intentos para compartirlo con otros han sido frustráneos. Lo exclusivo de su disfrute la hace apreciable a los egoístas.

Para mí, ese ensayo es un manifiesto que guardo en la memoria cada que pedaleo. Aunque ha sido varias veces comentado por otros -en proporción con las veces que se habla de Torri- ha faltado el comentario de los ciclistas, que bien pueden volverlo icono del gremio.

Me pregunto qué tanto de lo que escribió fue pensado en sus recorridos urbanos, pues sentirse “como suspendido en el aire”, permite ponerse a volar la imaginación.

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