Y tú ¿qué haces para cambiar el mundo?

De niño, imaginaba cómo podría algún día lograr que el mundo fuera un lugar mejor. Los planes han cambiado, pero el objetivo no. Porque ya no creo que sea posible cambiar el mundo desde un puesto poderoso, o por medio de una violenta revolución. Pero una revolución no tiene por qué ser violenta.

Una respuesta a una pregunta típica “Sí, todo se quejan de cómo está el mundo pero ¿tú que haces para cambiarlo?”

  1. Uso bicicleta. Cuando empecé, sobraba espacio en el estacionamiento de mi escuela para poner mi bici. Ahora debo llegar temprano para no tener que amarrarla a un poste o tener que llevármela al laboratorio de lingüística. Considero que he contribuido a eso, pues he demostrado en cada viaje de ida y vuelta que ninguna distancia es demasiada para no pedalearla, y que ser ciclista no es sinónimo de ser hombre muerto. Si pudiera tener un carro, me conseguiría una mejor bici, porque la bicicleta no emite carbono (ni un ruido espantoso).
  2. Cargo con una termo. Para servirme café y agua en él. Ya no acepto que me sirvan en una taza de unicel.
  3. Uso software libre. No porque es libre de virus, no porque es gratis, si no porque el “libre” de “software libre” se refiere a la libertad.
  4. Ayudo a quien me lo pide. Porque he sobrevivido hasta el día de hoy gracias a quienes me han ayudado.
  5. Teatro invisible. En ocasiones, expreso mis opiniones en algún lugar conglomerado con un tono de voz muy alto. Me sale natural. El objetivo es que no sólo mi acompañante me escuche, sino también los que me rodean. Sólo lo hago cuando denuncio una injusticia o recuento una historia de explotación. Es una forma de combatir la desinformación propiciada por el duopolio televiso en este país.
  6. Sirvo café. ¿Qué tiene de revolucionario servir café? En sí, nada. No lo hago siempre, además. Pero el café que sirvo ha sido producido desde una cooperativa, ha evitado los intermediarios y ofrece café a un precio justo. Quienes laboran ahí, lo hacen por convicción política y no por necesidad económica, aunque cubren necesidades económicas trabajando ahí.
  7. Cumplo con mis deberes. Estudio en una universidad pública. Solamente una vez pagué $300 pesos por una guía de estudio y la preinscripción. Jamás he vuelto a pagar para estudiar ahí. Se calcula que cada estudiante le cuesta, en promedio, al herario público, un millón de pesos por toda la carrera. Esta cantidad la paga el pueblo iletrado -porque las empresas evaden impuestos -, lo menos que puedo hacer, en agradecimiento, es ser buen estudiante. Como dijo el “Che”: “el joven comunista debe ser el mejor en todo lo que haga”.
  8. Tomo agua de la llave (cuando no hay agua gratis). Porque comprar agua embotellada o refrescos es aceptar que nos arrebaten lo que todo ser humano debe tener por derecho.
  9. No como más de lo que debo, ni menos de lo que tengo. El 80% de los recursos naturales son amasados por el 20% de la humanidad. Se produce suficiente comida como para alimentar a 12 mil millones de humanos ¿por qué hay gente con hambre? Porque ustedes, clase medieros, comen más de lo que necesitan. Y lo que no pueden comer, lo tiran a la basura.
  10. Presto libros. Para que la gente se sienta mejor, para que se dé cuenta que otros sienten como ellos sienten. Porque una buena lectura motiva a quien la practica a pensar en cómo construir un mundo mejor.

Hasta ahora, es lo que puedo recordar que hago. Puede ser insignificante para muchos, pero es ya más de lo que hace una gran parte de la población. Todavía yo podría hacer más, como:

  1. Cultivos hidropónicos. Cultivar tus propias hortalizas no solo te hace más barato comer, si no que puedes estar seguro que esa comida no ha llegado a tu boca como producto de la explotación del hombre por el hombre. No lo hago porque requiere de tiempo y espacio que no tengo, además de una inversión previa. Quizá en un futuro cercano.
  2. Disminuir el consumo de carne. No voy a discutir aquí ser o no ser vegano. He escuchado tanto argumentos que afirman que el hombre puede (y debe) vivir sin carne como los que afirman lo contrario. No sé a quien creerle. Pero sí puedo estar seguro que solemos consumir más carne de la que deberíamos. ¿Por qué ayuda al mundo consumir menos carne? Una pirámide energética nos lo explica:

    La ganadería destruye campos de cultivo y promueve que los campos se usen para forraje y no para alimento humano. En el mundo de Beakman escuché que hay tres veces más pollos que humanos… Y les aseguro que la gran mayoría de esos pollos han vivido mejor alimentados que muchos humanos (aunque no pueda afirmar que más felices). No lo hago porque no puedo escoger qué voy a comer. Si lo hiciera, habría días que no podría comer, porque es raro que te ofrezcan una opción vegetariana (y que sea barata).

¿Qué más podría hacer para mejorar el mundo? ¿Qué hacen ustedes para mejorarlo?

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